Un centenar de mujeres parteras rurales marchó por las calles de San Cristóbal de las Casas, la ciudad más poblada de Chiapas, para defender la partería tradicional en medio de regulaciones que amenazan su continuidad.
Durante el recorrido, en el marco del Día Internacional de la Partera que se conmemora este 5 de mayo, visibilizaron sus demandas con consignas como: ‘¡Exigimos! trato igualitario médico-partera!’, ‘¡Vivan las parteras!’ y ‘No a la certificación de las parteras, autonomía, cuerpos, saberes y territorios’.
Las activistas señalaron que esta práctica ancestral, arraigada en comunidades indígenas, enfrenta riesgos derivados de la modernización médica y de políticas que buscan estandarizar el parto.
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Rosa Hernández, mujer tzeltal de Tenejapa, con 51 años de experiencia, afirmó que “ser partera es algo significativo” pues “somos guardianes de la vida de las mujeres y del bebé, somos las que ayudamos a las mujeres a traer a los nuevos seres en este mundo”.

Las parteras exigieron respeto a su cosmovisión y fin a toda criminalización, amenazas y acoso contra ellas, así como el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y garantías para elegir cómo y con quién parir.
También pidieron reconocimiento como sistema de salud propio.
“Que los estados vean la partería indígena como un sistema autónomo (…) no como algo subordinado”.
Además, solicitaron que los protocolos sean aplicados de manera respetuosa por el personal del sistema de salud hacia las mujeres, y que se cumpla el convenio general de colaboración interinstitucional para emergencias obstétricas, “sin rechazar a ninguna mujer”.

Entre sus demandas, consideraron necesaria una participación vinculante que les otorgue voto en los espacios donde se deciden políticas de salud materna y comunitaria.
Según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en Chiapas hay unas 6 mil 600 parteras, quienes atienden hasta el 70 % de los partos en zonas urbanas y el 100 % en comunidades rurales.
Juana Pérez Hernández, mujer tzotzil de San Juan Chamula, relató que empezó en esta labor a los 14 años, “a los 16 años vino una casualidad de un parto (…) sí se pudo (atender el parto) con la ayuda de otra vecina”.
Sin embargo, criticó que en los sistemas de salud muchas veces “te dicen que no hay cama… no hay ginecólogo… no hay anestesiólogo”, por lo que exaltó su labor para atender partos en zonas alejadas.
Previo a la marcha, instalaron un altar con flores amarillas, moradas, guindas y blancas, para realizar una oración en la que pidieron permiso a la naturaleza para continuar con la misión a la que han dedicado su vida.
Con información de EFE.
