Cruz Pérez Cuéllar apareció sonriente, como si acabara de ganar un premio, no frente a una desgracia. La Declaratoria de Emergencia no fue para él un llamado a actuar, sino una excelente noticia presupuestal en pleno año electoral. Donde otros ven familias afectadas, él parece ver recursos extraordinarios, licitaciones rápidas y partidas sin tanto trámite. A eso le llamó «buena noticia».
La imagen es brutal: la ciudad bajo el agua, la gente sin dormir, y el alcalde celebrando que podrá mover dinero. Mientras tanto, en las colonias afectadas, no hay bombas, no hay drenaje, no hay respuesta. Y lo peor: no hay vergüenza. Los mismos funcionarios que deberían estar atendiendo las consecuencias del desastre, siguen ocupados en la operación política que impulsa su campaña.
Pérez Cuéllar aún puede recomponer, sí… pero la pregunta es si quiere. Porque si algo ha demostrado en estos días, es que la tragedia también se administra con fines electorales. En Juárez, hasta el lodo tiene precio… y provecho.
