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De corazón chile


En nuestra cultura,
como planta de chile,
comemos fuego que se
transforma en poesía
a nuestro paladar.

Quemamos candela,
que se convierte en la
antorcha que ilumina
nuestra historia,
y rinde culto a la
resistencia y valentía.

Sudamos pasión,
como un grito a la vida,
a nuestros ancestros,
a nuestras creencias,
a nuestros símbolos,
sabores y colores.

Cada chile corre en
nuestras venas,
de la tierra que nos
vio parir,
que nos ve luchar,
que nos ve crecer
y nos hace sentir.

Somos Habanero,
tesoro de Yucatán,
fresco, intenso,
crudo o asado;
con olor floral,
también lloramos
amor,
y fluimos penas.

Somos Manzano,
con semillas de salva,
que se ciñen como
hoguera a nuestra
lengua,
y la convierten en
espada en llama.

Somos Chile de Árbol,
de sutil sabor ahumado
y extremo calor;
así brillamos,
de carácter atrevido,
escabroso, jovial
y escandaloso.

Somos Poblano,
de pared carnosa.
y corpulenta;
ingrediente principal
de los chiles en nogada,
también abrazamos
con la fe encendida.

Somos Jalapeño,
con venas de son
jarocho,
de brasa trepidante,
destellamos cadencia,
alegría, broma, albur,
diversión y risa.

Somos Guajillo,
de piel gruesa,
rojizo oscuro,
leve a moderado
picor,
como flama intensa
que jamás desiste,
apaga o extingue.

Tenues o calientes,
ardientes o letales:
costeños, chipotles,
güeros, pimientos
o serranos;
todos son luz
y todos fuego.

Así es nuestra
esencia.
Somos faro,
somos descarga,
somos lumbre,
somos aroma,
somos reto,
somos:

¡De Corazón Chile!





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